Hay que saber cuando escuchar, cuando callar y cuando educar

febrero 25, 2011

Ultimamente he notado ciertas tendencias sociales, aunque reconozco que mayormente ha sido en el Internet (pero no dejan de ser sociales).  En cualquier tipo de ámbito, he notado un gran crecimiento en el numero de personas que comentan en blogs, videos, redes sociales y demás solo con la intención de hacer un daño, demostrar superioridad y imponerse por encima de otros.  Por lo general y desde hace mucho tiempo, esta practica se conoce comúnmente como «trolling».

El trolling siempre ha existido de una forma u otra, pero recientemente he notado un gran crecimiento en el numero de personas que lo practican (consiente o inconscientemente) al grado de que representan quizás una mayoría considerable en los medios en los que me desenvuelvo.  Mi pregunta es, por que recientemente ha aumentado tanto?

La respuesta mas rápida me viene como mecanismo de defensa.  Quienes generan contenido están tan acostumbrados a los trolls que lo asumen por defecto, creando un efecto en cadena lamentablemente negativo.  Es tan fácil aparentar ser rudo, insultar, desmentir, chantajear y simplemente ser malo a través del teclado que probablemente la gran mayoría de las personas que lo hacen lo ven como un mecanismo de defensa para anteponerse a cualquier situación sin arriesgar su verdadera personalidad.  Yo lo veo simplemente como una inmadurez.

Es importante saber cuando prestar atención, cuando callar y cuando educar a las personas con las que nos relacionamos aun virtualmente.  No se trata de nuestras capacidades individuales, ni el conocimiento que pueda pasar o corregirle a otra persona ni demás.  Se trata de madurez y educación.  Todos tenemos una opinión, un criterio y la libertad para emitirlos.  Tal como lo plantean los principios de la comunicación que nos enseñaron en primero de primaria, para una comunicación efectiva es necesario un emisor, un receptor y un mensaje.  La forma en la que el mensaje sea recibido y su validez, son variables a ser disernidas consecuentemente.

En este sentido, cuando una persona emite un criterio merece ser escuchada, de la misma forma que quien escucha merece la oportunidad de ofrecer una contraparte.  Si nos preocupamos por emitir nuestros criterios con educación y altura, aun cuando sea para desvalidar lo que otra persona ha dicho o para corregir u ofrecer un punto de vista alterno, siempre y cuando se haga de una forma educada, no habrá cabida para los trolls.

En este sentido, debemos preocupar por ofrecer nuestros criterios y puntos de vida no solo con objetividad, sino con educación, a favor de que en la misma forma en la que la plaga del trollismo se ha apoderado de muchos, la educación pueda igualmente resultar una forma atractiva para otros copiar.

Saludos,

Jose R. Lopez